“Ratchada – La receta” Cap. 4

18 abril, 2019

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Sebastián se dirigió a la zona donde estaban situados los puestos ambulantes de comida y vio que por fin había algunas mesas vacías.

Mientras paseaba entre los alborotados puestos de comida sacó su teléfono móvil y grabó algunos vídeos. Compró cuatro palitos de carne, algunas verduras salteadas, unos fideos con cosas que parecían muy gustosas y en una bolsa de plástico donde le pusieron carne desmigada, un plato llamado Laab pero que le llamó especialmente la atención porque tenía un aspecto diferente al que había comido antes en otros restaurantes. Grabó a la cocinera que había hecho ese plato, una mujer mayor que tendría al rededor de 70 años, le intentó preguntar por el nombre del plato pero no se pudo hacer entender.

Una vez sentado con sus cuatro platos diferentes y un botellín de agua para acompañarlos, empezó a cenar. Los palitos de carne estaban riquísimos, jugosos y muy bien condimentados con un toque dulce al final, las verduras fantásticas, crujientes con sabor a soja y el chili que no falte. Los fideos estaban muy ricos aunque demasiado picantes para su gusto pero a pesar de esto se los pudo terminar. Dejó para el final la bolsa de plástico con la carne desmigada, visualmente no parecía un plato muy apetecible pero sentía una gran curiosidad especialmente por la forma en que estaba hecho. Echó un poco de esa mezcla en una de las esquinas limpias de un plato de cartón que había usado para comer los palitos de carne, lo olió y detectó algo diferente, era un olor muy agradable que nunca había descubierto. – Vamos a ver –  dijo Sebastián.

Cogió una cuchara limpia que había reservado para ese plato y así no mezclar sabores, puso un poco de ese manjar misterioso y se lo llevó a la boca. Detectó la carne, sería de cerdo, bien desmigada y muy melosa, el ajo y el cilantro bien picado, el chile tailandés, la acidez de la lima y luego apareció un sabor nuevo, que le daba a todo el conjunto una consistencia y un sabor inigualable. Volvió a repetir la operación pero esta vez el sabor final se hizo más intenso, era un plato muy picante que habría que combinar con otra bolsita de arroz glutinoso que también le había dado esa mujercita, pero el sabor ahí estaba, no pudo averiguar que era, pero le daba a todo el plato una experiencia inigualable. 

Una lágrima cayo en el plato, Sebastián la miro con sorpresa mientras se iba filtrando lentamente en el plato de cartón pensando que quizás no era una lágrima sino una gota de sudor. Cogió el teléfono y visionó de nuevo el vídeo que había grabado antes, en él vio a la cocinera y creadora de ese plato como iba añadiendo los ingredientes, los supo distinguir todos menos uno, que provenía de un pequeño cuenco el cual contenía un polvo anaranjado, ¿qué era eso?, se preguntó.

Una vez se terminó el plato, se levantó de la silla y fue en dirección a la parada de donde había comprado esa última delicia. Tenía que saber que era lo que le daba a ese manjar el aroma y sabor tan maravilloso y a la vez desconocido. 


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