“Ratchada – La receta” Cap. 5

4 mayo, 2019

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A pesar de ser pasada media noche aun el mercado seguía en plena ebullición, donde Sebastián tuvo que apartar a varios de los atareados compradores para poder llegar al puesto de aquella fantástica cocinera.

– Aquí es. – Sacó el teléfono móvil para revisar los vídeos que había grabado y confirmó que debería de encontrar el puesto a menos de dos metros a su derecha, giró la cabeza y vio con asombro que había otro puesto donde vendían helados. – No puede ser. 

Sebastián se puso enfrente de la parada creyendo que quizás estaba confundido de lugar pero cada detalle que veía le confirmaba que el puesto de comida debería de ser el que ahora era una parada de helados.

– sawadikaa –  Dijo Sebastian al joven vendedor. – Do you speak English?

– Yes, do you want an ice cream? –  preguntó el heladero con una agradable sonrisa.

Sebastián siguió la conversación en inglés.

– ¿Sabe dónde está la mujer que antes estaba aquí, en este lugar?

– No lo se señor, yo he llegado hace poco, este es mi lugar. ¿Qué helado quiere señor?

Sebastián ignoró al joven chico buscando hablar con otros vendedores de otras paradas, que quizás tendrían más información.

– sawadikaa, ¿sabe donde está la mujer que vendía Laab en esa esquina? –  iba preguntando a cada parada de comida colindante pero casi nadie lo entendía.

Se volvió a la parada de helados

– Chico, te doy 300 baths si me ayudas a encontrar la mujer que estaba antes aquí, en este sitio –  Le dijo Sebastian al vendedor de helados.

El chico empezó a gritar en tailandés a las chicas y chicos de las paradas colindantes, Sebastián miraba con asombro como el joven sin dejar de vender helados se comunicaba con total normalidad.

– Señor, me preguntan porqué quiere ver a esa señora – preguntó el heladero.

– Compré el Laab que estaba cocinando y me gustaría saber como lo hizo. – respondió Sebastián.

El chico siguió gritando y las chicas de su alrededor sin dejar de atender a sus clientes siguieron respondiendo.

– Señor, me dice la señora que está a dos paradas a la izquierda que cocina también Laab, si quiere puede ir allí y le pregunta como lo hace.

– Gracias chico –  dijo Sebastián mientras le daba 300 baths.

Sebastián se acercó a la parada que cocinaba Laab y antes de preguntarle a la cocinera la receta compró una ración para probarlo, se la sirvió en un plato de cartón y ya a simple vista vio que no era lo mismo, lo probó pero ni por asomo tenía el mismo sabor del que había comido antes. Tiró a la basura el resto de laab y se volvió al chico de los helados.

– Oye chico, ese laab no es el mismo que el que hacía la señora que estaba antes aquí.

– Perdone señor. Deme un minuto por favor. – dijo el chico mientras siguió gritando en tailandés a los vendedores y vendedoras de alrededor.

– Señor, me dicen que el laab que preparaba la señora que estaba aquí es de una receta del norte de Tailandia. Les he preguntado si alguien conoce esa receta pero no, nadie sabe como se hace.

– ¿Y cómo podría conseguir la receta?

– No lo se señor, es muy difícil encontrar esas recetas en Bangkok.

– Puedes preguntar cuando volverá la mujer que estaba aquí.

– Un segundo señor –  y el chico volvió a preguntar mientras seguía vendiendo helados.

– Señor, me dicen que esa señora viene muy pocas veces, sólo cuando va a visitar a su hermano. Vende comida para poder pagarse el viaje pero cuando ya lo ha vendido todo se vuelve al norte.

– Mierda – gritó Sebastián.

– ¿Perdón? ¿Qué ha dicho señor? – preguntó el chico de los helados.

– Nada, estaba hablando en español. Oye, ¿habría alguna otra forma para conocer esa receta?

– Sólo se me ocurre una, que vaya usted al norte, porque restaurantes en Bangkok con recetas del norte son bastante difíciles de encontrar, porque son recetas que no salen del pueblo o de la familia. Tengo a un amiga que tiene a su familia en la misma zona y alguna vez nos ha traído comida. Está muy rica señor.

– ¿Donde vive tu amiga?

– Aquí, en Bangkok.

– ¿Podría conocer a tu amiga? –  preguntó Sebastian con gran interés.

– Supongo que sí, es guía turística y quizás le pueda ayudar mejor que yo.

– Si me pudieras hacer el favor.

– Le mando un mensaje.

Y el chico cogió su teléfono móvil y empezó a teclear. Mientras lo hacía Sebastián llamó por teléfono.

– ¿Dani? ¿me oyes?. Mira, ha salido un pequeño imprevisto. No, nada grabe, debo quedarme unos días más. Ya, lo se, perderé el vuelo pero no me importa, cogeré el siguiente, pero necesito conocer algo. Una receta, que mal pensado eres. He probado el mejor Laab de mi vida, pero hay algo en ese plato que quiero conocer y para eso debo de ir al norte de Tailandia. Tranquilo, descuida, te iré manteniendo informado. Espero que todo bien ahí.

– Señor – dijo el chico de los helados.

– Perdona Dani, he de colgar, iré con una guía al norte de Tailandia. Tranquilo, no voy solo. Un abrazo. – Y Sebastián colgó. –  Dime chico.

– Mi amiga me pregunta en que hotel se acomoda, porque mañana por la mañana podría irlo a buscar y ya se ponen de acuerdo.

– Estoy en el Siam Heritage, enfrente del Le Méridien.

El chico tecleó de nuevo a su amiga.

– Me dice que sabe donde está y que mañana a las 10 estará en el hotel.

– Dígale que pregunte por Sebastián Reyes – sacó su cartera y le entregó una tarjeta de visita de su restaurante donde aparecía su nombre. –  Y ponme un helado de mango por favor.

– Sí señor. –  dijo el joven vendedor.

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